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Llevar el timón de la sostenibilidad o dejar que el barco sea dirigido por otros

¿Qué más da la sostenibilidad?. En la actualidad estamos sometidos a continuos impactos informativos que tienen relación directa o indirectamente con la sostenibilidad. Esta ultra utilización del término, lo está llevando a una vulgarización en su uso que puede hacerle parecer carente de virtualidad alguna e incluso generador de rechazo o indiferencia.

Está de moda la sostenibilidad, y esto se comprueba en los innumerables artículos, intervenciones, declaraciones, comunicaciones y mensajes empresariales de todo tipo, suscritas por líderes empresariales, políticos o sociales, que dirigen organizaciones de toda clase, sector o finalidad. De igual modo, es una tendencia evidente que la mayoría de las organizaciones pretenden y buscan incorporar valores sostenibles a su marca, ambicionando que sus productos o servicios sean percibidos por el público como respetuosos, o mejor, como promotores de la protección y cuidado del medio ambiente y de un desarrollo social equitativo y equilibrado.

Y te preguntas: ¿Qué es realmente la sostenibilidad?, ¿Por qué se habla tanto de ella?, ¿Hasta qué punto la sostenibilidad es únicamente marketing?, ¿Afecta o afectará todo este a estas preguntas se hace necesario ir de la generalidad al detalle, de lo común a lo particular.

¿Qué es la sostenibilidad? Desde una visión moderna, la sostenibilidad se entiende como la
evolución de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), ya que añade a esta última un aspecto muy importante que la hace más completa: el tiempo, al incidir sobre la planificación a largo plazo de los recursos disponibles, asegurando de esta manera, que el
desempeño a corto plazo no se obtenga a expensas de las capacidades futuras (García, 2019).

La interpretación clásica de la sostenibilidad sitúa a ésta únicamente con relación a aspectos medioambientales y es cierto que así comenzó a entenderse, sin embargo, hoy en día no se debe obviar que además de la medioambiental, son reconocidas otras cuatro dimensiones sostenibles: la económica, la social, la gestión del talento y el buen gobierno.

En este sentido y como ejemplo de esta corriente empresarial, se puede citar la última reforma del Código de Buen Gobierno de Sociedades Cotizadas de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que ha dejado de utilizar el concepto de la RSC para sustituirlo por el de Sostenibilidad. Esta entidad en su nota de prensa de 26 de junio de 2020 indica que: “se sustituye el término responsabilidad social corporativa por el más amplio y utilizado actualmente de sostenibilidad en relación con aspectos medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG)” (CNMV, 2020).

Hoy en día, es habitual que se utilice en argot empresarial, el término sostenible en relación a diversos enfoques, pudiendo agruparlos principalmente en cuatro: profit –people- planet- purpose, es decir, rentabilidad-personas-planeta-propósito.

– Profit. Sostenibilidad económica. Refiriéndose a previsiones económicas de perdurabilidad a medio y largo plazo de las organizaciones o proyectos empresariales con relación a sus posibilidades de éxito y desarrollo.
– People. Sostenibilidad social y gestión del talento. Como proceso que promueve el bienestar de los miembros de una comunidad o de las personas que conforman la cadena de valor, tomando en consideración las actividades de la empresa que les afectan, tratando de evitar riesgos en su deterioro físico y/o psíquico, buscando su seguridad, su salud y su bienestar laboral.

Este planteamiento se hace aún más crucial, cuando se es consciente de que dentro de este grupo de interés reside el tan buscado y demandado talento. Talento entendido como aquellas personas que no sólo son capaces de idear respuestas ante las incertidumbres, sino de llevarlas a cabo, motivar, dirigir y mover a la organización en ese sentido y tener éxito. Para las nuevas generaciones en general, pero especialmente para las personas con talento, la existencia de enfoques acreditados ASG (ambientales, sociales y de buen gobierno) en la cultura de la organización, son criterios prioritarios a la hora de elegir proyectos donde desarrollar su actividad profesional, hecho que debería inducir a reflexiones como: ¿por qué cuesta tanto contratar a determinados perfiles? o ¿por qué no se tiene capacidad de retener el talento? En este sentido, numerosos estudios como el titulado Así es como manejan los millenials la balanza trabajo-vida personal (Foro Económico Mundial, 2017), o el informe anual Millenial Survey (Deloitte, 2014), han comprobado que para el talento es importante constatar que tanto la actividad de la organización, como la de su propio trabajo, tienen un impacto positivo en la sociedad o en el medio ambiente.
– Planet. Sostenibilidad Medioambiental. La clásica acepción del concepto y la que dio origen al término. La sostenibilidad ambiental se debe basar en el binomio de la satisfacción de las necesidades presentes sin comprometer la satisfacción de las necesidades de generaciones futuras, mediante el uso racional de los recursos naturales y teniendo en cuenta el impacto en el medio ambiente que genera la actividad de la organización.
– Purpose. Propósito sostenible, Buen Gobierno Corporativo. Trata de la búsqueda, definición e interiorización y aplicación del propósito sostenible. Las Empresas con Propósito creen en el gran cambio de paradigma que está viviendo nuestra economía a nivel mundial y que consiste en reemplazar el principio de la primacía de los accionistas por el principio de la primacía de los grupos de interés (PriceWaterhouseCoopers, 2020). Este proceso debe ser liderado e impulsado desde la alta dirección mediante la integración de los criterios ASG, en el abandono de la idea que persigue la maximización del beneficio económico a corto plazo. En este sentido, cuestiones como los códigos de buen gobierno, comités y códigos éticos y políticas sostenibles, que implementen normativa tanto de diseño como de aseguramiento de su ejecución en base a estrategias corporativas a medio o largo plazo alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), se elevan de suma importancia.

Insiste en este aspecto del liderazgo, desde hace ya varios años Larry Fink, Presidente y Director General de BlackRock, la empresa de gestión de activos más grande del mundo, dirigiéndose directamente en su carta de este año a los líderes empresariales para decirles que: “Lo que distingue a una gran empresa es el propósito, los valores y sus relaciones con los grupos de interés”, para defender posteriormente que: “debe existir una relación de conformidad entre capitalismo y sostenibilidad ambiental, situando en un papel protagonista a las empresas en el proceso de descarbonización de la economía”, requiriéndoles a: “orientar y dirigir a sus organizaciones a ocupar posiciones de liderazgo en busca de la transición hasta el objetivo de llevarlas hasta las cero emisiones netas”. (Fink, 2022).

Pero, ¿Por qué se hace tan necesaria la integración de la sostenibilidad en las organizaciones? El futuro será sostenible o no será (aunque negacionistas, haberlos, haylos) y aquellas empresas que no se suban a este tren, deberían ser conscientes que están incubando una enfermedad que les conducirá inexorablemente a su desaparición, aunque aún no sean conscientes. Evidencia de la necesaria implementación del modelo, son las tendencias marcadas por las grandes empresas de nuestro país y del resto del mundo, no existiendo actualmente ninguna de ellas que no cuente con su propio departamento y estrategia de sostenibilidad. En este sentido, es un criterio ampliamente aceptado, el que indica que sostenibilidad e innovación marcarán gran parte del futuro éxito en la mayoría de los sectores.

La integración de estos dos enfoques, será o bien por convencimiento o bien por obligación. En este sentido se puede citar el informe del pasado septiembre de McKinsey titulado Las cinco prioridades de los CEOs, que indica como la principal de ellas, centrar la estrategia en la sostenibilidad (Mckinsey, 2021). Continuamente se publica normativa legal que o bien es de aplicación directa y centrada en aspectos ASG, o bien tiene en cuenta criterios de sostenibilidad para su formulación. Lo anterior, junto con la progresiva demanda que se experimenta desde los grupos de interés en esta materia (inversores, financiadores, clientes, accionistas, administraciones públicas, etc.) conducirán inexorablemente hacia la integración del enfoque sostenible como un sistema más en las empresas.

A continuación se muestra qué dicen las denominadas Big Four de la consultoría en España.

Deloitte. D. Francisco Celma, socio responsable del área de Sostenibilidad de la consultoría afirma que: “la sostenibilidad es una prioridad estratégica que no tiene vuelta atrás ni alternativa, todo lo contrario”.

PwC. Afirma que el concepto de sostenibilidad “no sólo se circunscribe a problemas ambientales, sino que debe ir mucho más allá, tratando cuestiones sociales como la gestión de los RRHH, el gobierno corporativo o la ética”. En este sentido y como dato demostrador, expone que el 60% de los CEOs plantea incrementar su inversión en ESG, asumiendo el reto que supone la transformación sostenible, que marcará la diferencia entre tomar la delantera o quedar rezagado.

EY. El informe En un mundo tan cambiante, ¿sabes dónde avanzar?, es una guía para los
jóvenes sobre el mercado laboral del mañana y muestra tendencias actuales de la economía. En el informe se señala que: “el futuro será sostenible o no será, el trabajo será en remoto y será realizado por autónomos que se unirán para desarrollar proyectos concretos con duración determinada”.

KPMG. En su informe titulado Métricas ESG en los sistemas de remuneración, considera una
demanda de los inversores la implementación del enfoque sostenible, debiendo comenzar por la estrategia, incluyendo la integración de ratios ASG en la remuneración variable de los
puestos directivos, estableciendo vinculaciones a corto y a largo, sin obviar especialmente los aspectos ambientales y de transparencia.

En conclusión, las cuatro grandes dicen que el futuro será sostenible o no será (EY), debiendo situar la sostenibilidad como una prioridad estratégica (Deloitte), en la que se deben incrementar las inversiones sostenibles (PwC) y, por demanda de los inversores, a la que hay que vincular parte de la remuneración variable de la alta dirección (KPMG).

En conclusión, todo este proceso que se denomina revolución sostenible, exige que adaptemos las organizaciones a los descomunales cambios por lo que está transitando actualmente la economía, debiendo conducir al liderazgo a reflexionar sobre, como indica Larry Fink en su carta ya citada anteriormente: si se prefiere llevar el timón o dejar que el barco sea dirigido por otros.


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